1ro. de marzo de 2008

La escena

Son en la actualidad dos, a falta de una diría el abuelo, las puestas que hasta mediados de marzo podrán disfrutarse, en la versión musical de Giuseppe Verdi subida al esce­nario de la Manofactura Papelera, en la calle Bolívar al 1500, y para el resto del año, a cargo de Martín Barreiro en la versión dramática del Teatro Del Convento.

por Oscar Assent

La saga de mujeres fatales, seguramente una de las constantes que cualquier investi­gador social corroboraría aún en la más originaria de las sociedades, inaugurado en el ámbito local con la resonante y majestuosa –nunca mejor usado al respecto el término—con Crisitna Banegas, el drama de las ladies Macbeths, tiene en los escenarios de Bue­nos Aires una posibilidad única. Tal vez por la elocuencia de los textos de Gambaro, la leyenda de las esposas ambiciosas, logró, junto a la siempre estratégica misión teatral del Complejo Teatral de Buenos Aires, el punto más alto en la tradición shakespereana de los últimos tiempos.

La compañía de Luis Camilión y Hugo Armoa, ambos provenientes del fructificador desempeño de las autoridades del Teatro Roma de la localidad de Avellaneda, presentan la versión operísitca de Macbeth. El programa de mano advierte ‘a mitad de camino entre Shakespeare y Verdi’, y puede que ello responda a la habilidad con que se inter­calan textos y cantos. Además de las brillantes actuaciones de Ernesto Bauer y Marcela Patulain, se destacan además Gabriela Zavaglia como Lady Macduff y el maestro César Tello.

Por su parte, la Compañía dirigida por Martín Barreiro es expresión fidedigna del texto de William Shakespeare. La idea de este grupo excelente de profesionales escéni­cos, ampliamente aplaudida por la crítica como la mejor operación experimental sobre los guiones del bardo inglés, se va convirtiendo en referencia de la vena dramática más honda y profunda que el teatro universal haya conocido, y para regocijo del público argentino, se trata de un fenómeno más que engalana la escena nacional.


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La escena shakespereana

Son en la actualidad dos, a falta de una diría el abuelo, las puestas que hasta mediados de marzo podrán disfrutarse, en la versión musical de Giuseppe Verdi subida al esce­nario de la Manofactura Papelera, en la calle Bolívar al 1500, y para el resto del año, a cargo de Martín Barreiro en la versión dramática del Teatro Del Convento.


por Oscar Assent

La saga de mujeres fatales, seguramente una de las constantes que cualquier investi­gador social corroboraría aún en la más primitiva de las sociedades, inaugurado en el ámbito local con la resonante y majestuosa –nunca mejor usado al respecto el término—con Crisitna Banegas, el drama de las ladies Macbeths, tiene en los escenarios de Bue­nos Aires una posibilidad única. Tal vez por la elocuencia de los textos de Gambaro, la legenda de las esposas ambiciosas, logró, junto a la siempre estratégica misión teatral del Complejo Teatral de Buenos Aires, el punto más alto en la tradición shakespereana de los últimos tiempos.

La compañía de Luis Camilión y Hugo Armoa, ambos provenientes del fructificador desempeño de las autoridades del Teatro Roma de la localidad de Avellaneda, presenta la versión operísitca de Macbeth. El programa de mano advierte ‘a mitad de camino entre Shakespeare y Verdi’, y puede que ello responda a la habilidad con que se inter­calan textos y cantos. Además de las brillantes actuaciones de Ernesto Bauer y Marcela Patulain, se destacan además Gabriela Zavaglia como Lady MAcduff y el maestro César Tello.

Por su parte, la Compañía dirigida por Martín Barreiro es expresión fidedigna del texto de William Shakespeare. La idea de este grupo excelente de profesionales escéni­cos, ampliamente aplaudida por la crítica como la mejor operación experimental sobre los guiones del bardo inglés, se va convirtiendo en referencia de la vena dramática más honda y profunda que el teatro universal haya conocido, y para regocijo del público argentino, se trata de un fenómeno más que engalana la escena nacional.

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Salir con ametralladoras


Otro hecho de violencia inflingida contra la multitud, por parte de un particular anónimo que irrumpe en las planas de los diarios a partir de su inmolación.
por Santiago Meilán

Steve Kazmierczac, a quien sus profesores recordaban como un buen alumno, el jueves pasado irrumpió en el aula de su Universidad y disparó contra los alumnos de los cursos iniciales. Hablar de noticia sería algo así como seguir fogueando el pánico que rodea a la gran mayoría en una sociedad en ebullición. El acto de Steve es una nueva prueba de la violencia que nos rodea, en un contexto de silencio y ocultamiento. Steve era un doctorando en la Universidad de Illinois. Formaba parte de grupos voca­cionales relacionados con su carrera de sociología y algo estalló, de tal modo que un día decidió terminar con su vida y con la de sus compañeros.
No es algo nuevo. El fenómeno arranca con la pseudo inocencia que siempre consagró a las producciones estadounidenses. Estos atentados son hoy parte inmotivada de ese show de muerte, cuyo punto culminante es invariablemente una guerra. “Nadie se ani­maba a ayudarlo –narra Eduardo Galeano en su cuento “La pasión”, de 1973—porque nadie puede sentir lástima en el bullying. Había un músculo secreto adentro de este tipo: el músculo secreto se había despeñado y se contraía y se estiraba peleando a un ritmo furioso y alzándolo contra la muerte...”
Eran otros tiempos, el excluido, así como el musulmán en los campos de concentra­ción nazis era una figura bien reconocible, y que hoy, la hipocrecía socorre con superfi­cialidad. ¡Y medios!
En 1972, Armand Mattelart, estudioso de la escuela crítica de Frankfurt, en un libro que analizaba el fenómeno mediático de las sociedades post. En él volvía una y otra vez sobre ese tópico de la inocencia que recubre la ideología capitalista. Hablaba estrictamente del Plaza Sésamo, no ya del Pato Donalds de las grandes guerras, y hablaba de Vietnam. Dulzura y barbarie, sazo­nada con la producción bélica que no escampaba. Ni escampa.
Día tras día vemos en una misma página de cualquier publicación un avión al lado de un reloj, como si la precisión fuera la imagen. ¡Un avión Lockheed! Al lado, sí, de un reloj también Lockheed. O un lavarropas, inocente, ahí, blanco, níveo: White-Westing­house: esa inocencia de ama de casa que gira y gira, sin dar vueltas, pero fabricando motores de caza-bombarderos.
Esa inocencia, que estaría bien estractar en idioma de origen (ver más abajo), y ver que nadie es cul­pable, que era un buen chico y seguramente muy estudioso, trabajador, o como la co­mpañera de Steve que se salvó de la metralla urbana de ese furioso decía: “No podía creer lo que sucedía, parecía un video juego.”
"In the message, he said he was never violent toward individuals he knew, but noted, “I react poorly to aggressive strangers, especially those who purposely violate my personal space.” David R. Garvin in an e-mail he sent to Amanda Cooley Davis, 32, the actress who performed in his short comedy, because he is a writer. The emotional and psycho­logical factors that caused Mr. Garvin to unleash a torrent of violence (with two guns: a Ruger P-89 9-millimeter pistol and a Russian-made Imez .380-caliber pistol) on Wednesday (march’s 14th) night in Greenwich Village. At De Marco’s Pizzeria on West Houston Street — where Mr. Garvin shot a restaurant worker, Alfredo Romero, in the back, firing 15 rounds — people are still puzzled by the events. Mr. Garvin was a regu­lar patron of the pizzeria and had been ejected several times for unruly behavior, but no one could recall any overt acts of hostility between Mr. Garvin and Mr. Romero. (New York Times, 17 de marzo de 2007, acerca de la masacre de David Garvin, nota de Serge Kovaleski y Sarah Kershaw)


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Gertrude Stein, ante un auditorio en la Universidad de Chicago, decía: “Yo se que en la vida diaria no andamos por allí diciendo ‘una rosa es una rosa es una rosa es una rosa’, pienso que en esa línea la rosa es roja por primera vez en la poesía inglesa de es­tos últimos cien años."
A Stein le gustaba todo lo que una palabra pudiera hacer, pero no tenía interés en pa­labras extranjeras ni prefabricadas. El lenguaje debería estar en movimiento, “no en relación con nada, no en relación con sí mismo sino sólo en movimiento.” Al usar una palabra, no buscaba hacer que implicara demasiadas asociaciones. En lo posible, bus­caba hacerla exacta como las matemáticas; “por ejemplo, si uno y uno hacen dos, yo quería que las palabras tuvieran igual exactitud”.


COLECTIVO TEATRAL PUERTA ROJA presenta:



"REMEDIOS PARA CALMAR EL DOLOR"

CRITICAS REMEDIOS:


EL ATARDECER COMO PUESTA EN ESCENA


"Adrián Canale tiene de esas visiones teatrales que van mas allá de un trazado de puesta convencional. Tam­poco opta por la ruptura "under". Simplemente arma su maqueta con el brazo de la poética y la belleza. Nada mejor que esa parra, al atardecer. O los olores del jardín, o las caricias de la selección musical, para crear esta historia, no solo sensible, sino afectiva. Las interpretaciones son mas que correctas, pero cabe destacar la soltura y visceralidad de Carolina Tisera, una actriz para tener muy en cuenta"

Pablo Gorlero (La Nacion 5/3/2006 )

Para ver critica completa:

http://www.lanacion.com.ar/entreten imientos/nota.asp?notaid=786054

“¡Leonor, qué hace... qué pasa!” En un patio con plantas y una parra, una mujer toma decisiones a pesar de su miedo “a hacer cosas terribles”. La que dispara el alerta es su amiga y vecina. En los atardeceres suelen com­partir allí charlas y alejar tristezas refugiándose en “los buenos propósitos” que alienta Violeta, la vecina solida­ria. Inspirándose en textos de Osvaldo Lamborghini y fragmentos de relatos de Hebe Uhart (autora, entre otros libros, Del cielo a casa), más la incorporación de términos del libro de recetas medicinales del doctor Ed­ward Bach, el actor y director Adrián Canale elaboró la dramaturgia de Remedios para calmar el dolor, espectá­culo que comienza cada atardecer de los sábados en la sala Puerta Roja

(Hilda Cabrera, fragmento de una nota-entrevista de Página 12 7/11/06)

Para leer la nota completa:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-4398-2006-11-07.html


“CONJURO A LA HORA EN QUE HUYE EL DÍA

En el atardecer de los sábados porteños ocurre un milagro en la zona del Abasto cuando dos actrices cabales –Carolina Tisera y Corina Bitchman– encarnan textos de Hebe Uhart y Osvaldo Lamborghini, con unas gotas de
flores de Bach. Pura poesía hecha teatro”

(Moira Soto, Las 12 17/11/06)


Para leer nota completa:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3014-2006-11-17.html

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EN DVD

CORAZONES, de Alain Resnais

La actuación del actor fetiche (Pierre Arditi) del creador que perteneciera a la nouvelle vague, Alain Resnais, y el efecto buscado por el mítico compañero de Goddard y Truffaut brindan a la platea el cálido sentimiento que genera un invierno en Francia (¡!). A decir verdad, porque en efecto no para de nevar en toda la película.

Son situaciones problemáticas de parejas, constituidas y en veremos. Con un Don Juan venido a menos (Lambert Wilson) que no dudará incluso de citar a su amante al mismo bar en que trabaja el mejor amigo de su suegro. En fin, un melodrama, que el sello de Resnais lo vuelve del negro al blanco.

Con André Dussollier como agente de bienes raíces y padre de la bella Sabine Azéma, Laura Morante e Isabelle Carré, como la enfermera que mata con una noche de sexo al octogenario padre de su pretendiente, se trata de un film inevitable no sólo para quienes siguen la filmografía del coautor de El año pasado en Marienbad.

para seguir leyendo:

http://www.cahiersducinema.com/article955.html (artículo en es­pañol)

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¿Agustín P. o Juan B.?

Parece paródico, pero todavía hay quienes confunden una terminología de siglas. No es lo mismo un churrasco de ternera que tener terna en Punta Carrasco. Eso lo sabe cualquiera y sin embargo todavía hay argentinos que se disputan entre 15 días en Mar de las Pampas o ir directo (3 días) a Maldonado en la hermana República del Uruguay. Ya casi finalizando las vacas en febrero, los niños del Estado ya están en vacaciones. Libres de sus profesores, se dedican a interferir en la realidad de sus padres.
No ha sucedido ninguna tragedia entre las filas de los que asistieron a las colonias estatales, y por lo tanto, ningún compañerito debe extrañarse del próximo año escolar. Ahora sólo vale el chupetin más grande y la sesión de cine más power. En realidad, un aliciente para los profes, a lo mejor tan power haya sido el verano como para tirar hasta abril, porque una vez empezadas las clases, y con las cuentas bancarias (ahora todos cobran por cajero) vacías no se, a lo mejor haya sido mejor esperar hasta el 25 de mayo como para empezar con un buen motivo... patrio, por lo menos.
Lo cierto es que las bolsas están bien, los sueldos no tanto pero desde Puerto Madero algo tirarán y el resto corre por cuenta de los interesados, si no no habría ni Sarmiento ni escuela ni vacaciones ni nada,... Así que no jorobar niñitos, con los profes no.
Parece, pero sólo es una anticipación del año.

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¿Y PALITO ORTEGA QUE SE CUENTA?

por Oscar Assent

Circula por el entorno de los estudiantes aguerridos, que insisten con academicismo contra una política laboralista normal y corriente, la idea de que ahora, todo lo que no supone una trama farsesca, por lo tanto es grotesco. No es una discusión bizantina, sino mucho peor. No se trata de un problema de géneros literarios, sino de una realidad que con la novedad, carcome la base de sustentación de los que creen que no todo lo que se difunde en un pasillo laboral, ahora, es lo verdaderamente cómico.

Es trágico en realidad. Y más si lo desplazamos al ámbito de la Producción Nacional, así, con mayúsculas, porque la lógica nos daría que no todo lo que se entreteje en una trama central, es entonces un género subsidiario. Para ser claro, que si no llega a Holly­wood, en realidad no se ha dicho, o, para colmo de males, da gracia.

Si uno piensa que la imbricación del cine nacional llega de la mano de, no digamos Discépolos o Tinayres, sino Armando Bo y Rodolfo Ledo, entonces sí, la trama del grotesco sería algo así como inconmensurable. Lo cierto es más bien que es difícil para una industria cinematográfica no independiente, llegar a la taquilla de los países centra­les si no fuera por intermedio de los festivales de cine.

A pesar de que los productores nacionales, los malos, los coleccionistas de objetos, nos hagan creer que la lógica de la acumulación hace la fuerza, es idiotez y quien sabe si atraso. Algunos la pegan, y meten buenas películas en dichos festivales, pero, visto a la distancia, muchas veces invertir en objetos no da buenos resultados. Y además, crea hacia dentro la ilusión de cierto florecimiento, que, por estos días estará a la orden del día, si de atraer inversiones se trata.

Es cierto que por momentos la realidad pega duro, pero ¿qué es lo que lleva a que dia­rios centrales como Clarín o incluso Página/12, y ni hablar de Perfil u otros más o me­nos populistas, firmen apenas el 57, con suerte el 63% de sus notas. Más de un tercio de información permanece para el consumidor de ‘realidad nacional’ a oscuras. De los dos tercios restantes, cerca del 15% son directamente cables, que con el volumen de espacio, es el caso de Clarín, significa mucha información que pasa sin tamiz

No se trata de censura. La censura sería un medio para naturalizar la parodia, muchas veces utilizada por la masa. Es cuestión de miles de miles de ciudadanos que apenas tienen tiempo de responsabilizarse por el ‘imaginario’ que le dicen como para encima tener que ‘tragarse’, una peli nacional. Seguramente vayan a ver la última de la Thur­man, o les resuene más el apellido de Palma y decidan dormirse en los laureles de los gobernadores de nuestros cerebros.

No es crítica, es pura doxa, y la pregunta que hoy me hago sin necesidad de leer los diarios que esperan (ya, 2:34 AM) me desayunen con Palito Ortega hablando a favor o en contra de Duhalde, quién sabe. Quién no.

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